La Carta de la Tierra promovida en el entorno de las Naciones Unidas, es una declaración internacional de principios, propuestas y aspiraciones que promueve una sociedad civil global sostenible, solidaria, justa y pacifica. La declaración contiene un planteamiento global y conciso de los retos del planeta así como propuestas de cambios y de objetivos compartidos que pueden ayudar a resolverlos. Sin embargo, ¿no será esta una respuesta más a los intereses económicos de las potencias que se están viendo afectados por la globalización y lo disfrazan como un llamado a la ética y moral del ser humano?
Quizá este haya sido uno de los motivos de fondo por el que surgió el plantamiento de la carta a la tierra, ya que en un mundo en el cual las relaciones de interdependencia se han incrementado y profundizado es inevitable que temas como la pobreza, enfermedades infecciosas, conflictos políticos, terrorismo, desastres naturales, destrucción ambiental, cambio climático, alimentación y energía se hayan convertido en problemas transfronterizos que hacen cada vez más difícil proteger la seguridad de cada individuo bajo el concepto convencional de seguridad nacional.
La creación de lineamientos globales definitivamente brinda seguridad a los Estados, ya que no solo les permite tomar medidas globales que sirvan de base para la creación de Programas de Desarrollo Sostenible para sus propios Estados, sino que a la vez les da las herramientas para exigir a otros Estados que tomen medidas que les brinde protección a ellos mismos.
Japón, país muy comprometido con el cumplimiento de los lineamientos de las Naciones Unidas, ha tomado esta iniciativa y otras posteriores como los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre otras, de manera muy responsable. Esto lo demuestran claramente con sus principios en la carta de Asistencia Oficial para el Desarrollo ejecutada a través de su Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA).
JICA ha venido cooperando con un importante énfasis en la apropiación de acciones, incorporando en cada uno de sus proyectos el concepto de “Seguridad Humana”, realizando esfuerzos para que los resultados de la cooperación alcancen a cada individuo y que las personas desarrollen sus capacidades formando así a personas autosuficientes; esto le permite a los países receptores de la cooperación lograr un crecimiento sostenible y aprender a resolver por si mismos sus propios problemas.
Si bien la carta de la tierra parece un poco surrealista o utópica hasta cierto punto, debemos de reconocer que es una buena referencia para mejorar la calidad de vida de las personas y para resguardar los recursos de las generaciones futuras, con un llamado global a superar las diferencias y a encontrar puntos en común a favor del bienestar colectivo.
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